martes, 26 de enero de 2016

Burritos




Burros, borricos, asnos,...símbolos de terquedad y resistencia. Seguro que si te pregunto por tres burritos famosos te vienen a la mente unos cuantos. El asno de Shrek, Platero, Igor, el amigo de Winnie The Pooh, el rucio de Sancho Panza, Pinocho se volvió uno de ellos por un tiempo, las alegres piñatas de cumpleaños,...Incluso hubo uno que una vez hizo sonar una flauta.


Dicen que son muy inteligentes. Llevan acompañando al hombre como animal doméstico miles de años, Los hay muy pequeños de tamaño, y no dejan de sorprenderme los que utilizan en algunos países soportando enormes cargas para sus amos sin recibir ningún gesto de gratitud o cariño. Han sido algo tan cotidiano, que parecen importarnos muy poco. No tienen la vistosidad de las cebras, ni el donaire de los felinos o la elegancia del caballo. No se pueden tener en un piso, como un perro, un gato o un pájaro. ¿Entonces?


Por suerte, siempre hay buenas y amables personas en los lugares más insospechados, y crean hospitales y refugios para atenderles bien. Los burros son parte de una terapia para niños autistas, por ejemplo. Y cultivando el respeto por estos y cualquier otro animal, nos ayudamos a nosotros mismos permitiendo que nuestros hijos puedan explicarles a los suyos, lo que es un burrito, porque conseguimos que no desaparecieran.


Hospital de Burros en Kenia

PD: Entrada actualizada en Marzo de 2016 

Caramelo, el burro que se cree caballo.
 
 

lunes, 18 de enero de 2016

Pavo Real


Recuerdo que era otoño. Es la estación en que los pavos reales lucen sus plumajes más brillantes y preciosos. Una inmesa gama de pardos rojizos, azules lapislázuli y verdes esmerilados.

Entiendo que nuestros antepasados quedaran impresionados con semejante poderío de color, y muchos artesanos dedicasen sus vidas a tratar de imitar tal belleza con sedas adamascadas, surgiendo así el llamado lujo oriental.

Era el pavo más bonito que he visto en mi vida, diferente al resto de hermanos. Un día, hace unos veranos comenzó a cojear, y poco después desapareció. Me contaron que alguien se lo llevó por su apreciado plumaje.

Me gustaba detenerme a contemplarlo caminando majestuosamente, arrastrando su cola de rey, sabiéndose observado; tímido y desconfiado, solitario la mayor parte del tiempo.

Hoy, nuevas generaciones pasean por los mismos lugares, aprendiendo a desfilar ante la numerosa audiencia que quiere fotografiarlos cual estrellas de las pasarelas, haciendo las delicias de grandes y niños en cuanto despliegan en abanico sus colas repletas de "ojos" tintineando mientras se giran para que nadie se pierda el espectáculo.

Siempre siento una pequeña punzada de pena sabiendo que él ya no está allí, pero agradezco a la vida haber podido contemplarlo, y sentir que el mundo está lleno de hermosos animales.
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