lunes, 12 de octubre de 2015

Entonces Ví a Vincent


Todo el mundo hablaba de él maravillas, y yo sólo veía escenas que parecían pintadas por un niño. Nadie me había explicado en qué se basaba su grandeza de pintor, y mis ojos no sabían "mirar" aún.

Buscaba un motivo para comenzar uno de mis primeros cuadros. No sabía bien qué buscaba, pero nada me gustaba. Entonces, entre las láminas, apareció "Terraza de café por la noche", y supe que había encontrado lo que buscaba. Color, fuerza, aquella escena era...¡espectacular!

Empecé a comprender su pincelada, la energía que imprimía en cada movimiento del pincel, casi furioso. Vincent, el pintor de mirada tristísima, estaba lleno de color que nadie pareció ver mientras vivió.



Vincent sentía ser una casa con un fuego de hogar acogedor al que nadie quería refugiarse, y pese a sus grandes intenciones, sólo atraía soledad e incomprensión. Hemos sabido cómo se sentía gracias a la multitud de cartas que intercambió con su adorado hermano Theo.

Vivió pobre, acomplejado por su falta de éxito, incomprendido y temido hasta que enfermó, y ese fuego de hogar se fue extinguiendo, sumergido en un pozo del que no encontró la salida que tanto anhelaba. Y no fue hasta su muerte, cuando aquellos ojos legañosos de finales del XIX comenzaron a verle, como hice yo misma.

¿Habría sido Vincent el mismo si hubiera tenido éxito desde sus comienzos como pintor? Probablemente no. Tal vez su pintura nos guste o no, pero cada vez que miremos uno de sus cuadros, deberíamos reflexionar sobre el daño que podemos hacer a otros sólo porque son diferentes a nosotros mismos, sólo porque son más osados, más creativos, o tal vez porque se han adelantado unos años a la sociedad que entenderá su "arte".

Vincent luchó con toda la fuerza de la que fue capaz por un sueño, el suyo, ser pintor. Que el mundo entendiera cómo era a través de su mirada, y vaya si lo consiguió, aunque el precio fue demasiado caro.

Vincent Van Gogh
http://www.vangoghgallery.com/es/
http://www.vangoghmuseum.nl/

2 comentarios:

Clementine dijo...

Qué preciosa entrada, Mari...

A mí me chifla Van Gogh, de siempre. Y esa terraza de café es maravillosa.
Tengo pendiente la lectura de sus cartas a Theo, tengo el libro así que sólo he de buscarle un hueco :)
Un abrazo.

Mari dijo...

Otro enorme abrazo para tí, amiga Clementine

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