jueves, 18 de diciembre de 2014

Acuarelando

Hace tiempo compré unos lápices acuarelables. No tenía ni idea de cómo usarlos correctamente, pero así soy yo; autodidacta en peso neto.

Me gustó este gorrión de Samohin

Mi animal favorito: El Tigre. 
El resultado no es gran cosa, lo se, tan solo quería practicar un poco.
Hoy me apetecía compartirlo con vosotros.


¿Os habéis fijado en el ojo?
El blanco que simula el brillo, es un trocito de papel.
 A falta de otra cosa, un pelín de ingenio.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Persiguiendo a Kayla


Todos perseguimos algo en la vida. A veces nos sentimos perdidos o nos hemos desviado de nuestro primer objetivo. Hay personas que tienen una especie de brújula interior y saben muy bien hacia dónde encaminar sus pasos. Otros damos más vueltas, y procuramos irnos deleitando con el paisaje.

Sin embargo, cientos de personas al día, ven cómo aquel propósito al que se dedicaban, cambia en lo que se tarda en chasquear los dedos.

Esta entrada es un pequeño reconocimiento a las personas que siguen corriendo su carrera pese a saber que no van a entrar los primeros en la meta porque el camino está plagado de obstáculos o porque otros llegan antes. Sin embargo, saben que hay que seguir; a ratos corriendo, muchas veces caminando. Adelante...

Esta es la historia de Kayla,... y su entrenador.

martes, 9 de diciembre de 2014

Cuaderno de Bitácora: Deletreando



No puedo con ello. Es que no hay manera de que escriban correctamente mis apellidos. ¡Que no son largos, ni se entrecruzan las consonantes!, ¡lechugas! (perdonad los signos de exclamación, no estoy enfadada, es un recurso dramático sin más). Pues nada, ¡como si oyen llover!

O le quitan una ele, o se la añaden donde no es, o va con uve o era con be, que si me gusta más hacerle el apellido esdrújulo... ¡Pero bueno, es que ahora la gente no sabe escuchar? Estar ante un señor/señora administrativo/a y tener que d-e-l-e-t-r-e-a-r los dos apellidos tiene guasa, hasta resulta una anécdota graciosa según la simpatía del funcionario de turno; pero cuando los escriben mal copiando de otro documento....¡Ya está!, ¡ya me han añadido una letra de nuevo!

Antiguamente, y no tanto, la mayoría de las personas sabían escribir lo justito, y cuando se presentaban en un registro ante el señor escribiente o secretario, o quien estuviese asignado para la tarea, no creo que se molestase el funcionario en preguntar al interfecto de turno si su apellido llevaba y griega o i latina; el escribiente estaba allí porque sabía, ¿el qué? Lo que fuera.

Y como le dijo mi farmacéutico a una amiga mía, los apellidos se escriben como uno quiere. Pues eso, para chulo chulo, su pirulo... Y yo creo que no lo hacen con mala intención, pero lo hacen.

Y cuando le dices al funcionario con la voz más suave y falsamente amable que puedes, porque te cabrea, pero no quieres pagarlo con este pobre hombre (¿qué por qué tiene que ser hombre?, bueno, pues mujer), que seguro lleva una ardua mañana:

-Le sobra una letra.- Y levantando la vista del documento te mira como si le hubieras movido el brazo mientras dibujaba una recta, o como pensando, ¡qué más dará!, en un pulso que apenas dura una fracción de segundo a ver quien aguanta la mirada...

-Si es tan amable- añades sonriendo. Y vuelve a bajar la cabeza a enfrascarse en el documento como diciendo:

-Vale, porque me pillas de buenas.

Y el engranaje burocrático, que se había detenido esa milimétrica fracción de segundo, torna a su ritmo imperturbable, y tú te sientes victoriosa, sube ligerísimamente tu autoestima, hasta el punto de marcarte mentalmente unos pasos de baile, pero solo mentalmente, no vaya a ser que en cuanto salgas por la puerta ese ser, responsable por unos minutos de nuestros destinos genealógicos con un click de "boli" o pulsando la tecla equivocada, cambie de opinión, y un buen día descubras que circulas dos veces por el mundo y tú no te habías enterado.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Arthur: Lealtad Extrema

 Las imágenes utilizadas en la entrada son de diversos medios, y sólo han sido incluidas como apoyo en la narración. Si algún medio siente vulnerado sus derechos, las imágenes serán retiradas.

Ecuador: Un perro, un grupo de humanos y una competición deportiva extrema.

Así comienza esta historia. La epopeya de unos deportistas que viajaron al otro lado del mundo para medir sus fuerzas físicas y mentales, su resistencia al sufrimiento, sin suponer que sería una lección de vida, donde también se pondrían a prueba su generosidad y lealtad con un miembro nuevo que se añadió a la competición de forma inesperada.

 Un perro vagabundo, hambriento, que decide seguir al grupo de humanos que compartió un poco de su comida con él. Y, ¿qué podía devolverles a cambio? Su lealtad. Sufriendo desde ese momento la misma dureza de las pruebas, caminando grandes distancias, embarrándose como ellos.

 

 Incluso, cuando parece que las circunstancias les obligan a separarse para no poner en peligro la vida del animal, atravesando un río de noche junto al kayak de sus nuevos amigos. Y éstos, lo suben a la pequeña embarcación y adaptan su forma de remar para no lastimarle con los remos.


 


El grupo, que comenzó con cuatro miembros, entra en meta con cinco. El equipo sueco acaba en 12ª posición, pero ellos han ganado algo más valioso, el cariño y la fidelidad de un animal que pasaba sus días sin saber lo que se puede hacer por amor.



Arthur, el perro con nombre de rey mitológico convertido en improvisado deportista, encontró a Mikael Lindnord, y Mikael, competidor de Adventure Racing World Championship, encontró un amigo, hasta el punto de decidir adoptarlo y llevárselo a su país tras los consiguientes pasos que exigía la salud del animal y la burocracia de ambos países.

Ahora, ambos comparten la misma familia. Uno es parte de la vida del otro. ¿Fue casualidad que Arthur y Mikael Lindnord se encontraran en plena selva? Yo creo que no.





Enlaces:

http://carreraspormontana.com/noticias/arthur-el-perro-callejero-que-compitio-en-un-raid-de-aventura 








viernes, 28 de noviembre de 2014

Desamor


Caminaba a grandes zancadas mientras la rabia aumentaba por momentos. ¡Quién se creía aquella...mujer! Sus últimas palabras aún resonaban en sus tímpanos. ¡Ella, dejarle?

 Había llegado a casa hambriento, cansado. La mesa no estaba puesta y no escuchaba las vocecillas de los "muñecos". La cara de ella era un poema mientras le decía que tenían que hablar. Me tiene miedo, pensó el hombre. Se había sentado frente a él, y comenzó a hablar moviendo nerviosamente las manos.

Sólo escuchó las primeras palabras; un fuego creciente le tapaba los oídos. Has cambiado...los niños lloran...estoy mal...necesitamos ayuda...démonos un tiempo...aún te quiero...Después se había marchado y solo quedó el silencio.

Todo había ido peor desde entonces. Su vida era un caos. Sentía las miradas de conocidos y vecinos, y un sentimiento desconocido que no identificaba. Me culpan a mí...Les doy pena... No quería pensar, más no podía dejar de hacerlo.

¿Y si le quitara lo que más quería? Así entendería cómo se sentía él. Trazó un plan; y con cada paso esa sensación de fuego que quemaba. Ella amaba sus "muñecos"; los muñecos de los dos. Fue a recogerlos y los llevó a casa. Preparó una deliciosa merienda, la última. Levantó la mano, su inmensa mano de hombre y entonces...
...la muñeca mayor le miró y le regaló la sonrisa más luminosa y reconfortante del mundo, y el muñeco pequeño le dió un besito, el más amoroso y dulce del mundo....

Sintió que su mano se abrasaba y el fuego bajaba hasta su corazón, y el abrasador calor salía en forma de lágrimas. Salío apresuradamente al baño y se miró en el espejo. No se reconoció. Por un momento creyó ver la cara de un inmenso sapo; ¡así era como le veía su mujer?

Lloró amargamente por lo que había estado a punto de hacer. Vinieron a su mente instantes preciosos de risas y felicidad. Los nacimientos, cumpleaños, las cosquillas de antes de dormir, los abrazos que alejaban pesadillas, los sueños compartidos... Reconoció el sentimiento que no identificaba, ¡miedo! Miedo a la soledad, al fracaso, ...

Con cada sollozo el fuego se aplacaba y algo nuevo ocupaba su lugar, ¡la esperanza! Limpió su rostro con agua fresca. Volvió a mirarse al espejo y reconoció al hombre que quería ser. Pondría su mejor energía en recuperar el amor de su  mujer, pero si no lo lograba, empezaría un nuevo camino.

La hombría se lleva en el corazón, no en los pantalones.

Dedicado a Sara y Amet, y a tantos niños que sufren los desamores de sus progenitores.


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